El clima frío es uno de los detonantes más frecuentes de rosácea. Muchas personas notan que en invierno la piel se enrojece más, arde, se vuelve sensible o aparecen brotes. No es casualidad: el cambio brusco de temperatura, el viento, la calefacción y el aire seco son un cóctel agresivo para una piel ya reactiva.
En una encuesta* a 1066 pacientes con rosácea:
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46 % reportó empeoramiento con el frío
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57 % notó agravamiento con el viento
Adaptar tu rutina a esta época del año no es opcional: es parte del tratamiento.
Cómo controlar la rosácea cuando baja la temperatura
1) Limpia tu piel sin irritarla
Evita jabones agresivos, perfumes y detergentes espumantes. Elige un limpiador suave, sin fragancia y que respete el pH.
2) Hidrata reforzando la barrera cutánea
El frío debilita la barrera protectora, lo que aumenta sensibilidad y brotes. Opta por cremas nutritivas, calmantes y sin alcohol.
3) No abandones el protector solar
Aunque el día esté nublado o frío, los UV siguen inflamando la rosácea. El fotoprotector es parte del manejo diario, no solo de verano.
4) Ajusta hábitos cotidianos que empeoran la rosácea
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Lava con agua tibia, nunca caliente
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Seca a toques (sin frotar)
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Evita cambios bruscos de temperatura
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No uses exfoliantes físicos ni alcohol en la piel
5) Escucha tu piel y consulta a tiempo
Cada paciente con rosácea es distinto. Si observas ardor, enrojecimiento persistente o brotes nuevos, tu rutina o tratamiento puede requerir ajuste médico.
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*https://www.rosacea.org/patients/rosacea-triggers/rosacea-triggers-survey